Sesión de formación. Intérpretes en equilibrio: bienestar emocional en una cultura de la perfección
- Laura Moral-Bofill

- 21 ene
- 2 Min. de lectura
20 de enero de 2026. Grupo de Trabajo de Salud Mental para las EEAA dentro de la Cátedra "L'Alcora de Investigación Musical y Calidad de Vida"
Resumen de la sesión:
En la formación y práctica musical contemporáneas, el miedo a fallar suele imponerse al deseo de expresarse, configurando una relación defensiva con la música. En numerosos contextos educativos y profesionales, los músicos se desarrollan en entornos marcados por la evaluación constante, la crítica implacable y una cultura de la perfección que normaliza el sacrificio extremo como requisito para la excelencia. Estas dinámicas, lejos de preparar de forma saludable para la interpretación, tienden a erosionar progresivamente el bienestar emocional.
El bienestar emocional se puede entender como un equilibrio psicológico dinámico que se expresa en la forma en que una persona vive, en cómo interpreta e integra su experiencia emocional, que permite manejar las emociones sin colapsar o quedar desbordado, incluso bajo condiciones de alta exigencia. No implica la ausencia de ansiedad o estrés, sino la posibilidad de mantener coherencia interna, sentido y seguridad personal. Sin embargo, en contextos donde el error se vive como una amenaza y la valía artística se asocia casi exclusivamente a la precisión técnica, este equilibrio se ve comprometido. Como consecuencia, emergen problemáticas frecuentes en la profesión musical, tales como ansiedad escénica, agotamiento crónico, desmotivación, autocrítica excesiva y pérdida de creatividad.
Desde una perspectiva psicológica, el bienestar musical depende en gran medida de contextos que favorezcan la autonomía, la percepción de competencia y las relaciones de apoyo. Cuando estas necesidades básicas no se satisfacen, la motivación intrínseca se debilita y el perfeccionismo se convierte en una estrategia de supervivencia más que en una vía de crecimiento artístico. La interpretación deja entonces de ser una experiencia significativa para transformarse en un ejercicio de control y vigilancia permanente.
Resulta fundamental reconocer que estas dificultades no son meramente individuales, sino sistémicas. El bienestar emocional no constituye un añadido opcional al alto rendimiento musical, sino la condición que lo hace posible de manera sostenible. Avanzar hacia una redefinición de la excelencia musical implica incorporar la salud, el proceso, la expresividad y el disfrute como valores centrales, promoviendo entornos educativos y profesionales que acompañen, en lugar de amenazar, el desarrollo artístico de los músicos.





